Los cubanos debaten desde agosto el Anteproyecto de una nueva Constitución. ¿Con iguales derechos para todos? ¿Contra todas las discriminaciones?

Imagen: Depositphotos”Yo vi a mis padres durar 55 años sin nunca separarse. Siempre soñé con una relación así y, gracias a Dios, la he tenido”, dice Jesús. “Casarnos sería bonito y sería, aparte de eso, legalizar un matrimonio que ya lleva muchos años. Creo que sería uno de los logros más grandes de esta Revolución. Sería la igualdad y…”, mira a Onay buscando otras palabras: “y la equidad de derechos”, completa su compañero.

Este testimonio audiovisual es parte de la campaña “Todos los derechos para todas las familias”, en la que se han unido la Iglesia de la Comunidad Metropolitana en Cuba (ICM) y los proyectos Abriendo Brechas de Colores – LGTBI e Into Queer Havana. La ICM se define como la “primera iglesia cubana con un ministerio abierto y positivo a la comunidad LGTBIQ”. Y es, hasta ahora, la única institución cubana que ha respondido oficialmente a las declaraciones oficiales de una veintena de denominaciones evangélicas, que se oponen a la reforma del concepto de matrimonio en el Anteproyecto de nueva Carta Magna que la isla debate desde agosto.

Adicionalmente, el nuevo presidente Miguel Díaz Canel admitió cautelosamente, en una entrevista con Telesur, su apoyo al matrimonio igualitario, para “eliminar cualquier tipo de discriminación en la sociedad”. Eso sí, acotó: “la última palabra la va a dar el debate popular”.

“La familia original” cubana

Imagen: Depositphotos

Con alusiones a la Biblia, a la historia y la cultura nacional, a “la estructura binaria de la sexualidad humana”, y hasta a “los líderes históricos de la Revolución” y a otros países comunistas como Corea del Norte, China, Vietnam y la antigua Unión Soviética, primero cuatro y luego 20 denominaciones cristianas han defendido al matrimonio como una “institución divina”, la “unión exclusiva entre un hombre y una mujer”.

Por su parte, en una declaración publicada en la página oficial de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba, el arzobispo de Santiago de Cuba, monseñor Dionisio García Ibañez, achacó al “imperialismo cultural” la posible aprobación del “matrimonio entre dos personas del mismo sexo” en la isla, una idea que identificó como “ajena a nuestra cultura”. Poco después, el Obispo de Camagüey, monseñor Wilfredo Pino Estévez, publicó una carta pública más conciliadora, en la que propone llamar “parejas de hecho“, en vez de “matrimonio“ a las uniones entre dos personas del mismo sexo.

La Iglesia Metodista, más activa y creativa, ha pegado carteles y pegatinas en la vía pública, ha creado marcos para que los fieles distingan sus fotos de perfil en redes sociales, ha repartido volantes y biblias en las calles, y hasta solicitó autorización para convocar una marcha de protesta por una céntrica avenida habanera, en defensa de lo que llaman el “diseño original” de la familia “como Dios la creó”.

“Yo nunca había visto a la Iglesia cubana tan involucrada en un tema, con tanta propaganda, con tanto protagonismo en el debate público como en este”, asegura Sandra Álvarez, psicóloga, bloguera y activista LGTBIQ+ cubana. Además, con un discurso que hace un guiño “burdo” al Gobierno, mencionando sus referentes políticos y sin oponérsele frontalmente en otros temas de derechos humanos, anota Álvarez, quien se radicó en Alemania tras unirse legalmente a otra cubana residente en el país.

A la campaña religiosa han reaccionado también, espontáneamente,  ciudadanos y colectivos LGTBIQ+ y feministas. Clandestina, la primera tienda online de ropa de diseño cubano, y La Marca, un estudio de tatuajes, propusieron la gráfica a favor del “diseño cubano” de familia “muy original” y diverso. Las redes se ocuparon de amplificar las propuestas en carteles impresos en manos de sus seguidores y nuevos marcos de perfil en Facebook.

 

Reacción gráfica, en defensa del matrimonio igualitario en Cuba. (Clandestina) Reacción gráfica, en defensa del matrimonio igualitario en Cuba.

El matrimonio, en el centro de atención

“El matrimonio es la unión voluntariamente concertada entre dos personas con aptitud legal para ello, a fin de hacer vida en común”, reza el artículo 68 de la nueva Constitución a debate. “Es nuestra nueva revolución del 68”, advierte en su blog el periodista Francisco Rodríguez Cruz, “comunista y gay, ateo convencido y supersticioso ocasional, padre de un hijo varón”. Rodríguez Cruz usa una doble alusión al inicio de las luchas independentistas cubanas, en 1868, y a los movimientos por los derechos civiles y la llamada “revolución sexual” en Europa y América, alrededor de 1968.

A juzgar por la cobertura de la prensa oficial cubana, especialmente de la televisión, así como por las campañas y contracampañas que circulan en la red de un país escasamente conectado puertas adentro, la polémica en torno al artículo 68 parece centrar gran parte del debate nacional sobre la reforma constitucional. Es el único artículo en torno al que la televisión local refleja opiniones contrarias.

“La sociedad cubana no está preparada”, “hay otros temas más importantes que resolver en el país”, “que no se llame matrimonio”, “conduce a la extinción de la raza humana porque dos hombres o dos mujeres no procrean”, “hay que cuidar la inocencia infantil”, resume los argumentos contrarios la periodista y emprendedora cubana Susana Hernández Martín, quien conduce la experiencia Into Queer Havana a través del servicio de AirBnb, y ha seguido el debate en las calles y medios cubanos.

“La mayoría de la población no está a favor”, “eso va a fragmentar el país”, “hay que tener en cuenta que una parte de la población es religiosa y eso afecta sus sentimientos”, “es posible encontrar una posición que redactada de otra forma se llegue a lo mismo”, “a mí lo que más me preocupa son los niños”, escuchó Alain Darcourt, especialista del Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX), en una mesa repleta de reconocidos profesionales cubanos de salud mental, durante la VII Conferencia Internacional PsicoHabana 2018.

En este contexto, la activista LGTBIQ+ y psicóloga Sandra Álvarez advierte contra la “patologización” de las orientaciones e identidades sexuales diversas, un fenómeno que ha observado entre profesionales de salud que debaten sobre el tema en las redes sociales, como si se tratase de enfermedades.

Otros derechos y garantías, al margen

Para el resto de los artículos, las asambleas populares parecen reservar su aprobación o sugerencias de adiciones ligeras, coinciden los observadores. En redes sociales, blogs, plataformas y medios independientes, sin embargo, sí se leen otras críticas de artistas, intelectuales y ciudadanos diversos, dentro y fuera de la isla.

Críticas a la consagración del Partido Comunista como único partido político legalmente reconocido, a las limitaciones a la libertad de asociación, a la participación política de los emigrados y a las libertades políticas en general, y hasta a la calidad de la redacción del texto constitucional, señala Álvarez. A ellas se suman, entre otras y en menor escala, las críticas a la limitación de la actual responsabilidad del Estado en materia de educación y salud pública.

No obstante, apenas 77 personas habían firmado esta semana una petición online en contra del monopartidismo, dirigida a la Asamblea Nacional del Poder Popular por Lennier López, un joven sociólogo cubano radicado en Estados Unidos.“El #PartiDios Único del #Artículo5 nos arrebata cualquier posibilidad de tener República”, explica López en el video con que introduce su petición y asegura: “Si la constitución no garantiza la libre asociación y todos los demás derechos votaré no”.

“Quizás mi posición es egoísta porque yo fui beneficiada por un casamiento fuera de Cuba, pero yo ahora mismo, si pudiera votar, votaría no por esa Constitución, aunque implique que yo, como persona lesbiana, no tendré la posibilidad de casarme en Cuba; porque los derechos humanos son indivisibles, ninguno es más importante que otro”, insiste Álvarez y exige “todos los derechos”.

“Iguales derechos para todos, contra todas las discriminaciones”

Los manifestantes alzan la bandera de Cuba (dcha.) y la bandera arco iris en la marcha ‘Conga contra la homofobia’ en La Habana, Cuba, el 10 de mayo de 2014 EPA/Alejandro Ernesto

El debate está abierto hasta diciembre. En febrero, la nueva Constitución será sometida a referendo. “El voto negativo con respecto al artículo 68 representaría un paso de retroceso para Cuba en cuanto a los derechos de identidad sexual y de género”, escribe María Isabel Domínguez, académica cubana residente en Estados Unidos y miembro fundadora de Cuban Americans for Engagement.

“El Estado cubano no se puede dar ese lujo. Por las UMAP [campos de reclusión y trabajo forzado en que coincidieron homosexuales y religiosos a fines de la década de 1960]. Por la historia de represión, de hostigamiento, de acoso a las personas homosexuales en Cuba. Porque Cuba se define como un Estado socialista, donde el principio de igualdad es básico desde el Preámbulo de esa Constitución”, opina Álvarez.

Pese a su declarado carácter laico, el Estado cubano “someterá a consulta un derecho humano: la igualdad ante la ley”, lamenta la investigadora social feminista Ailynn Torres Santana en su habitual columna en la revista On Cuba: “un derecho humano deberá asegurarse mayoría”.

Pase lo que pase, sopesa Alfonso, “la emergencia y progresivo empoderamiento de voces periféricas dentro del espacio público cubano, incluyendo las de las iglesias”, son “una indicación más de que el país sigue cambiando”.

No obstante, para evitar que la posibilidad de abrir la puerta al matrimonio igualitario consuma al debate, el jurista e historiador cubano Julio César Guanche, recuerda en Facebook que rechazar el artículo 68 exigiría invertir absurda pero consecuentemente el sentido del artículo 40, por ejemplo, como sigue:

“Las personas no son iguales ante la ley, están sujetas a diferentes deberes, reciben distinta protección y trato de las autoridades, y gozan de derechos, libertades y oportunidades según su sexo, género, orientación sexual, identidad de género, origen étnico, color de la piel, creencia religiosa, discapacidad, origen nacional o cualquier otra distinción. La discriminación queda protegida por la ley. Cualquier intento de combatirla será sancionado”.

Como sea, entre las razones por las que la nueva Carta Magna cubana prohibiría discriminar, siempre que su artículo 40 se conserve al derecho, las redes sociales cubanas echan de menos una, especialmente relevante en el contexto isleño y consagrada en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, de la que el país es signatario: la opinión política. Pues, como advierte Guanche, “hay cosas que no se pueden hacer al mismo tiempo: negar iguales derechos para todos y decir que se está en contra de todas las discriminaciones”.

Fuente: Deutche Welle