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Capitulo 5
Hombre de pocos créditos

En Kasgar, no solo se ha exterminado la cultura material que se había conservado durante milenios, sino también la historia misma. Unos días más tarde hablé con un joven que, después de dos o tres preguntas, con un gesto apenas perceptible me sugirió que cambiara de asiento para que no nos vigilaran las cámaras. Quería saber si recordaban aquí la Primera República de Turquestán Oriental y el papel que desempeñaron las tropas de la URSS en su supresión. Las preguntas despertaron un entusiasmo inesperado por parte de Ehmet: resultó que él había hecho la carrera de Historia.

Dejando a un lado una taza de té verde, con el que todavía obsequiaban por todas partes en Kasgar, Ehmet repentinamente susurró: “Todavía tengo manuales viejos en mi casa, en ellos escriben sobre esa gente”.

Mientras pensaba cómo poder echar un vistazo a los libros antiguos sin poner en peligro a su dueño resultó que el más viejo de ellos tenía poco más de 10 años. “Todos los libros de texto publicados antes de 2009 fueron confiscados hace más de un año”, explicó Ehmet. “Simplemente fueron de casa en casa y recogieron todo lo que no habíamos quemado nosotros mismos”. Escondió un par de libros de texto con los que había estudiado en la universidad, pero tuvo que destruir los libros realmente viejos: el delito de guardarlos podría suponer la pena de hasta siete años en los campos correccionales.

Los equipos de ciudadanos activos, generalmente compuestos por policías o miembros del Partido Comunista y al menos un uigur, son otra innovación que ha cambiado la vida en Xinjiang. Ellos visitan regularmente a las familias uiguras para hacer, como dijo mi interlocutor, “preguntas extrañas” y verificar si hay objetos y libros prohibidos en casas. Dicha inspección puede tardar varias horas o varios días. “Vienen cuando les viene bien”, dijo Ehmet, “en cualquier momento. Pero hace aproximadamente un año comenzaron a hablar más y más sobre el Islam, a preguntar si estábamos leyendo el Corán. Y luego, hace aproximadamente un año, cuando incautaron los libros y los conocidos empezaron a desaparecer, quedó claro que muchas cosas tenían que ver con los puntos “.

En el casco viejo de Kasgar: la vista a la plaza central desde la mezquita principal

China anunció la introducción de puntos de fidelidad, oficialmente conocida como el “sistema de crédito social” hace cuatro años. Nadie sabe con certeza cómo funciona exactamente el sistema, pero se conoce que las calificaciones se calculan en función de toda la información que el gobierno logra recopilar sobre un ciudadano. Las deudas bancarias, las multas en las carreteras, el comportamiento reprensible en Internet (incluidas las compras “incorrectas”) y el fumar en lugares públicos pueden afectar el resultado. Uno puede subir los puntos si se convierte en un donante de sangre, participa en un proyecto de caridad o escribe una oda al Partido Comunista. Pero los créditos también son fáciles de perder: es suficiente jugar demasiado a los videojuegos o ir a la mezquita con mucha frecuencia. Se tienen en cuenta los viajes a regiones problemáticas y la comunicación con personas no deseadas grabada con una videocámara.

La puntuación alta permite alquilar un hotel sin un depósito, obtener un descuento en los servicios públicos y un menor interés en un préstamo bancario. Con una puntuación baja , es más difícil encontrar un trabajo y alquilar un apartamento. Cuando los puntos caen aún más, los problemas se vuelven más serios: se restringe la libertad de movimiento, el acceso a buenas tiendas e incluso el se cierra el registro en sitios de citas. Hay casos en los que los niños no fueron admitidos en buenas escuelas debido a los bajos créditos sociales de los padres. El sistema funcionará en plena fuerza para 2020, pero ya hoy en día a millones de uigures les niegan la compra de billetes para vuelos domésticos debido a la baja puntuación.

Una cafetería en Tashkurgán (uno de los centros administrativos de Xinjiang)

En Xinjiang, donde cada residente está casi continuamente bajo vigilancia, esta pesadilla futurista adquirió rápidamente las características de una distopía sangrienta. La inteligencia artificial procesa los datos y divide la sociedad en ciudadanos “seguros”, “normales” y “peligrosos”. teniendo en cuenta la edad, religión, convicciones y contactos con extranjeros. Es muy probable que las muestras de ADN ya influyan o puedan afectar el resultado.

En septiembre de 2016, apareció en la red la primera licitación abierta para fabricar kits de genotipado para las necesidades de la policía, y dos meses después Human Rights Watch informó que la toma de muestras de ADN se convirtió en un procedimiento obligatorio para obtener un pasaporte en Xinjiang. Se recolectan en escuelas y lugares de trabajo y los oficiales de policía pueden acudir a casa. Casi todos los que escaparon del país hablan de la amenaza a la familia: la colección general de material genético abre enormes oportunidades para perseguir a los familiares.

Mi interlocutor estaba firmemente convencido de que cualquier uigur pierde una docena de puntos simplemente por su propia etnia que es determinada a base del ADN ( los medios occidentales también lo afirmaron). Él mismo, como millones de personas, proporcionó muestras de saliva y sangre durante un examen médico gratuito organizado por el estado.
“Vosotros no lo podéis entender”, repitió Ekhmet con convicción. – Todo ha comenzado en serio este año. Si conduces la motocicleta sin casco, pierdes puntos. Si llevas a dos pasajeros en lugar de uno, también. Si apareces a menudo en una calle donde vivan los “extremistas”, los puntos caen y terminas en la cárcel. Te pones debajo de la cámara junto a una persona non grata, prepárate a responder a unas cuantas preguntas. ¿Por qué llamaste a este número? ¿Por qué la cámara te vio con el fulanito? Necesitas tener una buena explicación “.

Mujeres uigures hablando antes de la clase de chino en Kasgar

Mientras estábamos hablando, un grupo de mujeres en camisas blancas iguales, similares s un uniforme, se reunieron gradualmente en la plaza vecina. Estaban sentadas en sillas puestas de antemano frente a una tabla grande con largas filas de jeroglíficos. Comenzó la obligatoria clase de chino. Estas clases se imparten en toda la región autónoma y la asistencia también afecta a ls puntuación. Varios civiles con cintas rojas en sus mangas observaron el curso de la lección; al aparecer ellos Ehmet inmediatamente trató de terminar la conversación.

Clase de chino en Xinjiang

Al despedirme le sugerí que dejara mi dirección, estaba claro que no debería escribirle primero.

– Gracias, la dirección no hace falta – [si la encuentran] esta es otra razón para preguntar ¿ qué tipo de persona fue? De qué hablasteis? Algún día todo esto terminará, y nos reuniremos sin necesitar una dirección.

No oí certeza en sus palabras.

Dejándome en el banco, Ehmet fue al paso sunterráneo. Le detuvieron en la esquina de la calle: como todos los uigures tenía que someterse a un control si pasaba de una manzana a otra.

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Fuente: Meduza

Traducción: Eulixe.com