Sin duda una de las mejores maneras de viajar por la India es en tu propio vehículo. Eso te permite librarte de los tortuosos viajes en transporte público y poder llegar a sitios que de otro modo sería imposible. Ahora bien, no es para todo el mundo. Si no tienes soltura conduciendo y nervios de acero, no es lo tuyo. Vamos a intentar explicar cómo sobrevivir a esta experiencia sin perder la cabeza (ni las extremidades). 

En primer lugar, olvídate de todo lo que sepas sobre circulación. Resetea. No vale nada de lo que hayas aprendido. Es mejor empezar de cero que reciclarse. Los indios conducen diferente, y si quieres usar sus carreteras, más te vale que lo hagas como ellos. Para empezar, comentar las dos únicas normas existentes (grábatelas a fuego):

1 – Los vehículos más grandes tienen prioridad. 

2 – Lo que hay detrás (o a los lados) no existe. 

Eso es lo único que importa. Olvídate de las señales, preferencias, lógica, límites o líneas de la carretera. Aquí se trata de fluir en la jungla de asfalto y llegar a tu destino sin probarlo. Respecto a la norma número 1, creo que está claro. Si ves un autobús, te apartas. Y punto. Son los leones de la jungla, y no dudarán en recordártelo si lo pones en duda. Si vas en moto, como es mi caso, eres una gacela de Thompson, así que ya puedes estar todo el día con la atención al 110%. Un autobusero indio ante la duda de pasar por encima de un bache o sortearlo y echarte de la carretera, lo tiene claro. Los amortiguadores van caros, así que cuanto menos tiempo estés en su trayectoria, mejor para ti. Ojo también con los tuk-tuk, esos triciclos con motor de una tostadora que hacen de taxis locales, y que son las hienas de la carretera. No son rápidos ni fuertes, pero son muchos y están muy locos. Los camiones pesados serían los elefantes. Son lentos y nobles, pero como les intentes vacilar te pisarán la cabeza sin dudarlo un segundo. El resto de fauna es variada e imprevisible. No te fíes de nadie. En el siguiente vídeo, un ilustrativo ejemplo de lo que supone conducir una moto entre el tráfico indio:

Respecto a la segunda norma, cuesta comprenderla un poco al principio, pero es igual de importante (aunque cuidado, la 1a manda si entran en conflicto). El que va delante tiene prioridad. Hasta que superas la mitad de su vehículo, que entonces ya la tienes tu y puedes pegar un volantazo para ganar la posición. En los cruces es lo mismo, si delante no tienes nada, te puedes meter, aunque sea a una nacional desde un camino de tierra, si delante no ves nada, los de los lados ya frenarán o te esquivarán. Recuerdo que cuando alquilé la moto, al sentarme coloqué los espejos retrovisores para su correcta utilización. El que me la alquiló se echó a reir y me dice: “qué haces! si no los vas a utilizar!”. Me quedé un poco extrañado, pero al rato lo comprendí. Los retrovisores y los intermitentes no tienen ninguna utilidad aquí (bueno sí, el retrovisor se utiliza para dejar el casco cuando aparcas, y tranquilo que nadie los roba). Lo que si se utiliza es el claxon. Y vaya si se utiliza. Es la banda sonora de la India. Una continua sinfonía de todo tipo de bocinas se te instalará en el cerebro irremediablemente. Pero su finalidad no tiene nada que ver con la que le damos en occidente. No sirve para recriminar, sino para existir. Si no pitas, n o estás ahí. Cada vez que vayas a adelantar, pita. Cuando vayas a girar, pita. Si ves un peatón, pítale. Pita siempre que quieras recordarle a la jungla que tu eres parte de ella. 

Y relájate. Fluye. Orienta tu vehículo hacia tu destino e intenta llegar. Sobre todo enfadarse no sirve de nada. Si te enfadas cada vez que alguien te la lía te dará un ictus en menos de 10 minutos. Y recuerda que a pesar de todo esto, el índice de mortalidad en accidentes de tráfico por conductor es más bajo que en Europa. Así que igual tan mal no lo hacen…