En un archipiélago noruego situado en el Océano Glaciar esta la isla de Svalbard y cerca de su capital, Longyearbyen se encuentra la conocida bóbeda global de semillas, una enorme despensa subterránea de semillas de miles de plantas que pretende salvaguardar los cultivos de todo el mundo. Pero pocos saben que cerca de allí también se ubica el archivo Mundial del Ártico.

Entrada a la Bóbeda Global de semillas

La iniciativa es similar al de las semillas, si una busca salvar los diferentes tipos de cultivo ante una amenaza nuclear o climática, las semillas de este archivo son diferentes tipos de documentos para proteger nuestros conocimientos.

La empresa noruega Piql es la encargada de desarrollar este proyecto aprovechando una antigua mina de carbón y lo hace desarrollando una tecnología, que en teoría, es más segura que la digital: almacenan los datos en películas fotosensibles prometiendo una duración mínima de 500 años.
Se hace transformando los bits en algo muy similar a los códigos QR, pequeños cuadraditos en fotogramas que posteriormente permitirán recuperar la información digital.

Proceso de conversión de archivos para su conservación

Además, no es necesaria electricidad para su almacenamiento y, en teoría, llegado el caso, las generaciones futuras podrían leerlos sin problemas porque son “tecnológicamente independientes”, basta una fuente de luz para ver directamente la información o recuperar el archivo digital original.

Así es el sistema de película que mantendrá los archivos (Piql)

Argumentan ser más segura que la digital por la rápida evolución de la tecnología en la que vemos como los propios soportes se quedan obsoletos, se deterioran y dejan de funcionar. ¿Cuánta documentación importante se habrá perdida en disquetes?. Además, en función de las condiciones ambientales, algunos CDs y DVDs pueden durar poco más de una década. Es más: a los documentos digitales les ocurre lo mismo, ya sea una foto, una canción o un PDF.

“Partimos de información digital que estar en formato de libro, audio o vídeo; los clientes nos la envían y nosotros la escribimos en un film”, explica Roberto González, encargado del desarrollo del negocio en la oficina española de Piql, ubicada en Barcelona. 

Todo se almacena en contenedores parecidos a los de mercancía marítima, a 200 metros de profundidad, con escasez de oxígeno y una temperatura que se mantiene constante entre los -5 y los -7 grados centígrados. Ademas el acceso esta cuesta arriba para evitar inundaciones por deshielo como le ocurrió a una parte del banco de semillas.

Placa de la inauguración del archivo Mundial Ártico

El archivo se inauguró oficialmente en marzo de 2017 (los archivos nacionales de Brasil y México fueron de los primeros datos almacenados) El servicio está disponible para instituciones, empresas y particulares. Instituciones como la Fundación Felipe González y la Diputación de Barcelona son las primeras entidades españolas que depositarán sus documentos (al parecer otras empresas también pero prefieren mantenerlo en secreto). La Biblioteca del Vaticano, el sistema sanitario de Noruega, el CERN, la Agencia Espacial Europea (ESA), el Museo Nacional de Noruega o la Confederación Brasileña de Fútbol son otros de los que apuestan por este sistema de conservación