La galaxia de Andrómeda, a 2,5 millones de años-luz, es la más cercana a nuestra Vía Láctea. Es, además, el objeto más lejano que se puede observar a simple vista. Incluso con algo de contaminación lumínica… Si bien se sabe que ambas galaxias se atraen a una velocidad de alrededor de 300 kilómetros por segundo, hace unos años, un grupo de investigadores de la NASA establecieron el calculo de cómo y cuando se produciría exactamente la titánica colisión entre las galaxias.  Llegaron a esta conclusión después de usar el Telescopio Espacial Hubble, entre 2002 y 2010, para rastrear cuidadosamente el movimiento de Andrómeda mientras se desplaza en su trayectoria por el universo.

Ahora, un estudio liderado por Roeland van der Mare, del Space Telescope Science Institute, ha medido cómo M31 (Andrómeda) y su vecina M33 (Triángulo) giran en el cielo y han llegado a la conclusión de que esa colisión de galaxias se retrasará más de lo esperado. Un retraso que en el mundo fuera de lo científico se ha tomado con guasa por la “precisión” que detallan… Un retraso de 600 millones de años que se suman a los 3.900 millones de lo que antes se pensaba.

Andrómeda y la Vía Láctea son los dos miembros más grandes de los treinta que conforman el grupo local de galaxias. Cuando se encuentren, ambas se fusionarán formando lo que ya han denominado Lactómeda. Miles de estrellas saldrán despedidas en todas direcciones, como si se tratara de un inmenso avispero que tardará, por lo menos, otro par de miles de millones de años en calmarse. Sorprendentemente, es posible que el Sol y la Tierra (si es que para entonces aún existe) sobrevivan y se libren con una simple «patada gravitatoria» que les colocará, eso sí, en una posición que nada tiene que ver con la que ocupan hoy en día.