Se acaban de cumplir 14 años de uno de los incendios más espectaculares de Madrid. Poco antes de la medianoche del sábado 12 de febrero de 2005 se declaró un incendio en una oficina de la planta 21 de la Torre Windsor que rápidamente se propagó por los pisos superiores. El coloso en llamas de 30 plantas, en mitad del centro financiero de la ciudad, congregó a muchos curiosos alrededor, que acudían al ver la gran columna de humo desde muchos puntos de la capital. Aunque los peritos determinaron que el incendio no fue provocado y el caso quedó archivado, las hipótesis sobre el misterioso suceso han sido muchas y muy variadas en los últimos años.

Las principales hablaban de un cortocircuito o una colilla mal apagada de una de las mujeres de la limpieza, pero hay hipótesis relacionadas con el elevado precio del seguro del edificio, con documentación de corruptelas, robos e inclusos con fantasmas.

La Torre Windsor y Villarejo

A estas alturas ya no sorprende ver el nombre del comisario Villarejo en cualquier asunto turbio. La última apuntaban desde el portal Moncloa.com desvelaban en exclusiva unos nuevos documentos que vincularían el incendio de la Torre Windsor como un encargo de José Villarejo. Las intención, supuestamente, sería destruir pruebas comprometedoras para el expresidente del BBVA Francisco González.

El incendio afectó, sobre todo, a la auditora Deloitte, la cual guardaba papeles de la agencia de valores FG Valoras, empresa que había sido propiedad de Francisco González, expresidente ejecutivo del BBVA y que estaba siendo investigada por la Fiscalía Anticorrupción. Concretamente, la investigación se centraba en la venta de esta empresa a Merril Lynch en 1996.

En estos documentos el comisario José Manuel Villarejo anota, en un resumen del trabajo realizado para el BBVA, una “acción final” con una frase contundente: “Eliminar rastros documentales de la Firma de Auditoría DEL”. Pocas semanas después del incendio, la firma de auditoría Deloitte había recibido una petición de la Fiscalía Anticorrupción el 11 de febrero de 2005 (un día antes del incendio) para que entregase una serie de documentos. Esta revelación obliga a la revisión total de este suceso, ya que Villarejo se atribuye presuntamente la destrucción de estos documentos clave. De momento el juez ha pedido a Moncloa.com estos documentos.

La Torre Windsor y los informes ¿secretos? de defensa

En la cuarta planta de la Torre tenía su sede la compañía Comparex España. La empresa pidió tras el incendio autorización al Juzgado de Instrucción que se encargó de la investigación, recoger una caja fuerte ignífuga que había quedado en sus destruidas oficinas.

El propio juzgado, en el auto que autorizaba esa recogida, explicaba que se quería recuperar esa caja fuerte que contenía «documentos del Ministerio de Defensa calificados de documentos reservados». Sin embargo, tanto el Ministerio de Defensa como Comparex negaron rápidamente que se tratara de documentación clasificada. Una contradicción entre empresa, Defensa y juzgado que se tomó como hipótesis conspiranoicas para hacer desaparecer documentos secretos.

Los fantasmas de la Torre Windsor

Si hubiera ocurrido en la actualidad, con la calidad de nuestros smartphones tendríamos imágenes más claras sobre esta hipótesis. Porque esta surge de una grabación de una aficionada en la que se veía a dos personas a través de unas ventanas en la, que se cree, planta 16, cuando el edificio ya era pasto de las llamas, había además una extraña luz de color blanco ¿una linterna?, ¿un cigarrillo? ¿el puro de Villarejo?

A esas siluetas se los llamó fantasmas, y se quedaron en eso, en seres etéreos. El informe pericial de la Policía Científica dice, sin meterse más allá, que tras analizar este vídeo, lográron determinar que dichas imágenes no eran falsas. Es decir, el vídeo era auténtico, pero no se dejaba claro si allí había gente o no. Para alimentar un poco más este misterio, los Bomberos del Ayuntamiento de Madrid elaboraron su propio informe, en el que se aseguraba que aquellas siluetas podrían ser producto de un reflejo. Además, en su día desde el Ayuntamiento de Madrid se aseguró que no eran bomberos.

El butrón de la Torre Windsor

Tras una semana del incendio, durante una inspección,la Policía detectó, la existencia de un pequeño agujero en el garaje del edificio, por el que podría caber una persona (eso si bastante delgada). El agujero conectaban el garaje con la zona de oficinas.

Las pesquisas concluyeron que quien hubiese hecho el agujero lo había hecho para salir del edifico, no para entrar. Nunca se determinó el origen ni autoría de ese butrón. A esto se une también el hallazgo de una ‘puerta secreta’ en los bajos de Azca desde la que se podía acceder a la torre Windsor. El candado que la mantenía cerrada había sido forzado. La Policía no la descubrió hasta una semana después del incendio. Sin embargo, posteriormente, se insinuó que los bomberos de Madrid pudieron forzar la cerradura para acceder a sofocar las llamas. La Policía, sin embargo, no fue tuvo noticia ni confirmación de este punto.

La Torre Windsor y el extraño de las fotocopiadoras

Una de las principales testigos del incendio fue una mujer de la limpieza de la empresa Deloitte que admitió haber fumado en el edifico poco antes de originarse el incendio. La Policía descartó en la investigación que aquel cigarrillo fuera el causante del incendio. Sin embargo, una de las revelaciones que hizo la empleada durante su interrogatorio fue pasada por alto.

Según su relato, pocas horas antes del incendio vio a un desconocido junto a una fotocopiadora. Algo raro un sábado por la tarde cuando no había apenas movimiento en las oficinas. La empleada admitió a la policía que nunca había visto a aquel hombre y Deloitte no identificó a aquella persona, presuntamente empleado de la firma.

La Torre Windsor y los fallos de presión del agua

La presión del agua fue otro de los puntos raros del suceso. Los bomberos tuvieron grandes problemas con la presión, porque precisamente esa noche era tan baja que no llegaba bien a sus mangueras, ademas las tuberías por las que es posible introducir agua o espuma estaban inservibles. De hecho, tuvieron que buscar otra zona de abastecimiento para poder sofocar las llamas. El Windsor tuvo justo muy mala suerte cuando se quemó: llevaban meses cambiando su sistema de extinción de incendios para adaptarlo a la normativa.