Eulixe os trae un artículo del especialista en seguridad Andrei Soldatov. Analiza desde un punto crítico la situación actual en Rusia tras aprobar el parlamento una nueva ley que en versión del Kremlin debe servir para garantizar que Rusia no se quede sin internet, pero también puede servir para aumentar la censura. Precisamente esta visión más crítica es la que presentamos hoy. Publicado originalmente en Raamoprusland.

Pasos atrevidos en Internet: la capacidad del Kremlin de aislar Russia

Después de seis años de la ofensiva imparable sobre las libertades de Internet en Rusia, el Kremlin está dando otro paso audaz. La Duma Estatal, el Parlamento ruso, aprobó en el primer debate una nueva ley para desconectar la Internet rusa de la Red Global. Casi el 75 por ciento votó a favor de un proyecto de ley que le dará al gobierno la capacidad de aislar al país de la Internet global, mediante la instalación de equipos especiales en todo el país. Informa el especialista en seguridad Andrei Soldatov.

Hace unos años, entré en un edificio de diecinueve pisos, rodeado por una cerca, en un distrito residencial del suroeste de Moscú. A primera vista, el edificio podría confundirse con un bloque de viviendas ordinario, pero solo doce pisos tenían ventanas.

De hecho, este edificio era el corazón de la Internet rusa: la estación telefónica M9, que alberga el punto de intercambio de Internet crucial conocido como MSK-IX. Casi la mitad del tráfico de Internet ruso pasa a través de esta estructura todos los días. Los cables de fibra óptica de color amarillo y gris serpentean a través de las habitaciones y cuelgan en bobinas desde los techos, conectando servidores y cajas entre los estantes y pisos.

El punto de intercambio de tráfico MSK-IX en Moscú

Cada piso estaba protegido con una gruesa puerta de metal, accesible solo para aquellos que tenían  una tarjeta especial. Yo llevaba una de esas tarjetas, gracias a la ayuda de algunos ingenieros que aceptaron ayudarme en la investigación de mi libro The Red Web: The Kremlin Wars on the Internet.

Grandes cajas negras

Sabía que en el octavo piso había una habitación ocupada por el Servicio de Seguridad Federal, o FSB, el sucesor principal de la KGB. Pero la presencia del FSB fue evidente en todos los pisos. Dispersos entre los estantes de comunicaciones en todo el edificio había algunas cajas electrónicas negras del tamaño de un viejo reproductor de video VHS. Estas cajas estaban marcadas como SORM y hacían posibles que los oficiales del FSB en la sala en el octavo piso tuvieran acceso a todo el tráfico de Internet de Rusia; las cajas reflejan el tráfico al FSB.

SORME según Soldatov y Borogan, los autores de The Red Web: The Kremlin Wars on the Internet.

Vi una de las cajas en medio de los estantes de comunicaciones, donde parpadeaba un pequeño indicador luminoso. Sabía que cajas similares con la marca SORM se habían instalado en todo el país y estaban conectadas a las sucursales locales del FSB, en las sedes de los proveedores de Internet rusos, como parte del proyecto de vigilancia nacional a gran escala. Habían estado allí desde finales de los noventa.

En aquel entonces yo pensaba que aquellas cajas parecían sorprendentemente ineficientes y diseñadas al obsoleto estilo soviético. En el edificio, construido en 1979 y convertido en un importante punto de intercambio de Internet, los agentes secretos rusos estaban sentados en una sala rodeada de cajas del tamaño de reproductores VHS, como una parte importante del esfuerzo por controlar Internet en Rusia. ¿Qué cantidad de información podrían leer o ver, y mucho menos analizar? Pero ese no era el punto, el punto era que todos los operadores de telecomunicaciones presentes en el edificio debían tener esta caja negra, su propio canal de comunicación con el servicio de Inteligencia.

¿Solo para censurar?

En aquel entonces, no podía ni imaginar que cuatro años y medio más tarde, a principios de 2019, los legisladores rusos decidirían complementar estas cajas con equipos mucho más grandes y potentes.

Las nuevas cajas, que pronto se instalarán en MSK-IX y en otros lugares, tienen dos objetivos principales. Primero, podrán bloquear todo lo que el Kremlin considere ilegal, esencialmente para censurar Internet. Ese objetivo se llevará a cabo de manera permanente, 24 horas 7 días a la semana. En segundo lugar, las cajas permiten desconectar la Internet rusa del mundo exterior.

Esta función, según la idea del Kremlin, debe aplicarse en caso de que las autoridades rusas sientan amenazadas con disturbios políticos o rebelión. Todas estas cajas se conectarán a un poderoso “Centro de Administración y Monitoreo”, creado específicamente para ese propósito y administrado por la agencia rusa de censura de Internet.

Estas cajas, junto con el Centro, se instalarán como implementación de la estrategia para afirmar la “soberanía digital” del país, esencialmente para darle al Kremlin el poder de tener una opinión decisiva sobre lo que sucede y lo que llega a  Rusia a través de Internet. El Kremlin acaba de presentar un proyecto de ley de soberanía digital a la Duma.

Una vez aprobado (pocos creen que no lo será), todos los proveedores de Internet y puntos de intercambio de Internet de Rusia deberán instalar las nuevas cajas proporcionadas por el Gobierno.

Estas nuevas cajas, cuando se pongan en marcha, marcarán una nueva era en el esfuerzo del gobierno ruso por controlar Internet.

Respuesta a las protestas de 2012

Esta iniciativa surgió en 2012, como respuesta del Kremlin a las protestas masivas en Moscú, que fueron organizadas tras la noticia de que Putin regresaría como presidente. Lo complicado fue que antes de 2012, la Internet rusa era un espacio absolutamente libre de censura, y fue llevada por servicios de telecomunicaciones sin consultar o coordinar con el Gobierno o servicios secretos.

Eso no detuvo al Kremlin. En constante evolución, este esfuerzo siempre ha tenido un objetivo principal: despojar a la Internet rusa de cualquier capacidad para llamar a la gente a salir a la calle. Los medios más tradicionales, como los partidos de oposición o los sindicatos, fueron eliminados mucho antes.

Por lo tanto, el Kremlin trabajó arduamente para dar a los censores y los servicios de Inteligencia la opción de eliminar  de Internet todo el contenido que se considerara peligroso, e identificar a los alborotadores.

El sistema de vigilancia SORM fue ampliado y significativamente actualizado. Los agentes empezaron a filtrar el contenido de Internet, junto con una lista negra de páginas web, vídeos y web prohibidas que no dejaba de crecer. El parlamento aprobó la legislación para permitir enviar a la cárcel a quienes publicaban cosas peligrosas en las redes sociales.

La actividad tuvo algunos éxitos: la persecución de los blogueros afectó la libertad de expresión en las redes sociales rusas. Ahora la gente piensa dos veces antes de publicar algo sobre temas delicados: las autoridades, la Iglesia, los servicios de Inteligencia, la historia rusa.

Sin embargo, las autoridades rusas querían tener otra opción a mano: desde 2015 comenzaron a desarrollar herramientas para desconectar todo el país o una región particular del mundo exterior. En este sentido, el Gobierno también ha logrado algunos éxitos.

Desconectando a Magas

A principios de octubre de 2018, Magas, la capital de Ingushetia, una pequeña república en el norte del Cáucaso, vio a miles de personas reuniéndose en las calles en lo que serían unas protestas de dos semanas. Los jóvenes locales, algunos de ellos a caballo en pintorescos trajes tradicionales y con banderas nacionales, salieron a protestar contra un nuevo acuerdo con la vecina República de Chechenia, que supuso la pérdida de una parte de las tierras de Ingushetia a favor de Chechenia como parte del proyecto de intercambio de territorios.

La gente estaba enfadada, pero no violenta. Pronto los jóvenes se reunieron con ancianos, una señal importante en el norte del Cáucaso, un reflejo del amplio apoyo de los manifestantes en la república. La noticia no fue bien recibida por las autoridades centrales de Moscú. Después de todo, esa región había sufrido una guerra civil brutal hacía solo 15 años, y Moscú estaba siguiendo los acontecimientos con temor.La situación se puso peor. Cuando los manifestantes se arrodillaron para una oración pública en una plaza de la ciudad, unos policías, con su uniforme puesto, se unieron a la multitud. Para Moscú aquello se estaba convirtiendo en una pesadilla: la gente común y los agentes de policía se habían unido para manifestar su ira contra algo aprobado por las autoridades.

Una acción de protesta en la República de Ingushetia, durante la cual fue desconectada la Internet 3G y 4G

La imagen era impactante; los periodistas y activistas locales transmitieron en vivo lo que sucedía en las calles de Magas en diferentes redes sociales y webs hasta que desapareció Internet. Las tres operadoras móviles de la región apagaron la conexión 3G y 4G.

Según se supo más tarde, los servicios de Inteligencia de Rusia habían pedido cortar la conexión móvil a Internet del 4 al 16 de octubre, justo en el período de las protestas.

Fugas por debajo del telón digital

La desconexión de Ingushetia de Internet funcionó relativamente bien, aunque se hizo de manera demasiado directa y muy propia de la administración soviética, ordenando a las operadoras locales a apagar su conexión a Internet. La operación especial tuvo algunas fallas, aunque los manifestantes se vieron privados de la  conexión a Internet en las calles y los videos ya no se transmitieron en vivo, la información sobre la situación se escapó de la república. La región no fue sellada por completo.

Por lo general, sin embargo, fue un éxito. El Gobierno estaba decidido a expandir este modelo, aunque a un nivel tecnológico mucho más avanzado, por todo el país.

Para eso, el Kremlin necesitaba que los proveedores de Internet instalaran cajas más potentes y se conectaran al Centro de Administración y Monitoreo para poder desconectar una región particular de manera remota y efectiva desde Moscú.

La opción de desconectar el país por completo también pareció atraer a las autoridades, y a partir de 2015, el gobierno ruso realizó simulacros para determinar si esto era factible (el primer simulacro demostró que la información aún se estaba filtrando).

Los funcionarios estaban decididos a seguir intentándolo: la nueva legislación, entre otras cosas, también requiere que los proveedores de Internet rusos participen en dichos simulacros a petición del Gobierno.

Un proyecto global intimidante

La  ambiciosa idea, sin embargo, le planteó  al gobierno ruso un problema técnico. En la década de 1970, el país probablemente podría estar sellado y aislado del mundo exterior cortando un puñado de cables subterráneos tendidos entre la Unión Soviética y Finlandia.

Pero en 2019, la Internet rusa es verdaderamente global.

El país no solo está conectado por docenas de cables de fibra óptica transfronterizos, con más de 30 operadoras que los administran, sino que las compañías rusas de Internet construyen y poseen también enormes centros de datos en Europa. El primer país que viene a la mente y que abrió el acceso de la red rusa a la red europea son los Países Bajos. Al mismo tiempo, los servicios globales tienen servidores en Rusia, en el corazón de la infraestructura de Internet de Rusia. Por ejemplo, Google llegó a MSK-IX hace más de diez años, en 2008, y tenía  alquilada una planta entera en el momento en el que visité el punto intercambio de Internet.

En la década de 1970, la Unión Soviética tampoco tenía compañías de telecomunicaciones prósperas independientes, a diferencia de la Rusia moderna.

Uno podría pensar que estas compañías, que deben su éxito a la economía global de Internet, se opondrían a los intentos, dignos del gobierno de China, de aislar al país.

Sin embargo, hay algo que Kremlin sabe hacer bien, y es  intimidar a los negocios locales.

En junio de 2014, Putin se reunió con los principales empresarios rusos relacionado con Internet, entre ellos el jefe de Yandex, la versión rusa de Google que compite con éxito con el gigante estadounidense en el mercado ruso de búsqueda virtual, y el presidente de Mail.Ru, el líder de servicios de correo electrónico en Rusia, parte de una corporación de Internet que también posee las dos redes sociales rusas más grandes: VK (VKontakte) y Odnoklassniki.

La sede de Yandex en Moscú

El ambiente en la reunión fue tenso, y solo el presidente de Mail.Ru se atrevió a preguntarle al presidente sobre la legislación represiva en Internet. El mensaje de Putin a los líderes de la Internet rusa fue contundente: “En primer lugar, no podéis ocultaros de nosotros”.

La afirmación resultó ser una verdad absoluta. Dos años y medio después de la reunión, Yandex y Mail.Ru han expresado su apoyo a la legislación de soberanía digital que requeriría que la industria de Internet instale cajas gubernamentales.

¿Tecnología contra la política?

A falta de resistencia de los gigantes rusos de Internet, y la audiencia rusa en gran parte ignorante de lo que ocurre en la Red, aparte de una comunidad de activistas comprometida, pero pequeña, ¿qué más tiene Internet a su disposición para hacer frente al control del Kremlin?

La única esperanza yace en la propia tecnología de Internet.

Los servicios de seguridad rusos construyeron un amplio sistema de vigilancia, asegurándose de que todos los mensajes pudieran ser interceptados pero, gracias a la tecnología, el protocolo HTTPS y el cifrado de red de pares (P2P) las herramientas actuales son incapaces de descifrarlos. La Internet de las cosas también presenta un desafío formidable: cuantas más redes de telecomunicaciones tenga un usuario común en su casa, conectando su nevera, televisor o  puerta de un garaje, más difícil será cortar la conexión. Hoy en día, uno puede contestar a una llamada telefónica en Skype desde su teléfono inteligente y luego continuar la conversación por el televisor. ¿Cuántas líneas, cuántas operadoras se han involucrado? Ciertamente, esto no facilita las cosas para los servicios secretos.

La Internet de las cosas, o IoT, es una de las pocas herramientas que pueden dar guerra a la nueva estrategia rusa

Desesperada vuelta a la época soviética

El Kremlin hizo un movimiento drástico en 2016. En la Doctrina de Seguridad de la Información de Rusia, actualizada cada pocos años, el Gobierno estipuló que a partir de ese momento, las empresas de telecomunicaciones y informática siempre debían consultar con los servicios secretos antes de presentar nuevos servicios y tecnologías a sus clientes. En otras palabras, la seguridad es lo primero con la tecnología pasando al segundo puesto .

Cuando los lugareños en Ingushetia se quejaron de que las autoridades habían cortado la conexión a Internet, se les dijo que todo era legal, que las empresas habían cumplido con las “solicitudes razonables” de los servicios de Inteligencia. Quedó claro que Ingushetia sirvió de campo de pruebas para una nueva estrategia y el primer ensayo fue exitoso.

El éxito continuaría, ya que la Duma ya aprobó en febrero de 2019 en el primer debate un proyecto de ley especial para cerrar la Internet rusa del mundo exterior.

Sin embargo, ciertamente no parece una estrategia bien concebida.

En cierto modo, el Kremlin ha ido en contra del progreso tecnológico; Putin imita el enfoque de la Unión Soviética, que restringió las tecnologías que la KGB sospechaba que se utilizarían para la difusión y el intercambio de información sin censura.

La estrategia puso al país en desventaja durante décadas, pero ayudó al Politburó a mantener el régimen político en el país durante un tiempo.

¿Es eso todo lo que el Kremlin quiere ahora?

Fuente original: Raamoprusland

Traducción: Eulixe.com