Cabin Porn…suena más erótico de lo que en principio es. Desde luego romántico parece, luego el uso que se de de ella ya le puedes calificar de Cabin romantic, boring o porn. Se trata de unas especies de cabañas enclavadas en lugares idílicos en mitad de la naturaleza especialmente populares en Estados Unidos, Gran Bretaña y Escandinavia.

Son uno de los tipos de vivienda que más éxito tiene en AirBnb y eso que, aunque algunas son de prestigiosos arquitectos, otras son autoconstruidas y no tienen ni ducha, ni inodoro, ni calefacción… oliendo mal y con frio… esas me da que el termino porno no lo ven… algunas ni electricidad… el tema de velitas puede tener su gracia…

Estos rústicos hospedajes deben su reciente tendencia, como no, a las redes sociales. Se popularizaron por un libro y cuenta de Instagram del mismo nombre. Fueron Zach Klein, cofundador de Vimeo, Steven Leckart, de Wired, y la fotógrafa Noah Kalina quienes le pusieron este curioso nombre de Cabin Porn para expresar el deseo por la naturaleza salvaje, silenciosa, remota. Ellos, pasaron años coleccionando imágenes de más de 12 mil cabañas, cúpulas, casas en árboles por todo el mundo: de las más salvaje a las más técnicas, de lo más urbano a lo más rural, de lo más antiguo a lo más reciente y las inmortalizaron en el libro y la red social.

¿Por qué el termino porno? Es un enfoque comparable a la foodporn, un placer culpable, un escapar de todo y de todos (trabajo, niños, coches…) solo o en plan romántico con tu pareja un día como hoy rodeados de estrellas, naturaleza, paz y tranquilidad.

No sólo se trata de hospedajes románticos o de escapada. También existen hospitales. Hace poco días el estudio Snøhetta presentó las cabañas que ha diseñado para dos hospitales públicos de Noruega, el Rikshospitalet de la capital y el de Kristiansand, a cargo de la fundación Friluftsykehuset. Se trata de dos refugios de madera, ubicados a poca distancia de sendas clínicas, destinados a hacer más llevadera la hospitalización, tanto para los pacientes como sus familiares.

La cabaña del hospital de Kristiansand, del estudio Snøhetta / Foto: IVAR KVAAL