Esta pregunta puede sonar un poco extraña para algunas personas, sin embargo es una cuestión que está sonando mucho dentro del mundo del feminismo últimamente. Vamos a poneros un ejemplo de esta misma semana para ilustraros: el mítico grupo SKA-P publica un twit apoyando la causa feminista con el texto “El 8 de marzo ya está aquí chicas, muchos ánimos y mucha fuerza, los hombres feministas estaremos a vuestro lado, pero las protagonistas sois vosotras. Por la igualdad de género total!!“. Horas después, deciden borrar el twit con el siguiente mensaje:

Pues bien, vamos a intentar arrojar luz al respecto de este tema. En primer lugar vamos a exponer los argumentos de aquellas feministas que consideran que los hombres no pueden formar parte del movimiento. Para ello es muy útil el siguiente texto de Mujeres en red / El periódico feminista, donde se recogen las principales ideas:

“Que un hombre llegara a ser feminista implicaría por propia ontología que el feminismo habría ejercido sobre la sociedad toda su capacidad transformadora y, por tanto y una vez lograda, establecida y mantenida la igualdad, el feminismo ya no tendría objeto, y serlo tampoco ni para hombres ni para mujeres.

Por tanto, mi impresión es que los hombres puede “estar feministas”, pero no “ser feministas”. Nos falta el componente existencial. De manera que, igual que fui negro por un rato para volver a constituirme en blanco, puedo ser feminista hasta que el patriarcado y su socialización interiorizada en mí en multitud de hábitos y scripts de conducta inherentemente inconscientes, en modos pautados y recurrentes de pensar sentir y actuar, toman de nuevo posesión de mi identidad existencial y me recargan la construcción política y social del hombre que llevo dentro. De esto todos los hombres que se declaran feministas deberían ser conscientes y mantener siempre una cierta prudencia autocrítica vigilante. Porque la pregunta del título sería equivalente a plantearse ¿puede un hombre ser mujer? La respuesta corta es que no.

Si un hombre, probablemente en contacto con el feminismo, hubiera tomado la consciencia suficiente del modelo social en que ha sido educado y de su rol en el sistema patriarcal; si tras la consciencia hubiera profundizado en la teoría feminista; si tras la profundización hubiera efectuado un ejercicio introspectivo y correctivo constante de desarraigo de esos modos pautados y recurrentes de pensar, sentir y actuar sobre las mujeres; y si además aplicara en su comportamiento habitual rutinas activas de acción igualitaria… si todo estos condicionales se dieran, tal vez tendríamos a un hombre que se aproxima a “estar” en el feminismo. No obstante, estar del todo en el feminismo requiere todavía algo más”.

Otro ejemplo son las palabras de Kelley Temple, una feminista de El Reino Unido que también habla claro: “Los hombres que quieren ser feministas no necesitan  que se les dé un espacio en el feminismo. Necesitan coger el espacio que tienen en la sociedad y hacerlo feminista”.

Normalmente aquellas mujeres que se denominan feministas y que consideran que un hombre no puede serlo también argumentan:

. Que llevan muchos años protagonizando ellas solas una lucha, para que ahora vengan ellos a adueñarse de su etiqueta.

. Que un hombre que se autodenomina feminista lo único que quiere es ocupar uno de los pocos espacios que no le corresponde en la sociedad.

. Que para lograr conseguir la igualdad, ellos deberían quedarse a un lado y ellas deberían hacerlo solas, sin su ayuda.

Algunos ejemplos de argumentos al respecto en el propio hilo del twit de SKAP:

Vamos ahora con los argumentos esgrimidos en contra de este razonamiento excluyente del feminismo:

  • En primer lugar, se refieren al término “feminismo” en sí. La RAE dice:
  1. m. Principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre.
  2. m. Movimiento que lucha por la realización efectiva en todos los órdenes del feminismo.

Si se está de acuerdo con esta definición (que parece bastante clara y genérica), en ningún momento se extrae la posible exclusión por género para formar parte del movimiento.

  • Lo que oprime a las mujeres es el machismo, el patriarcado e incluso el capitalismo. El hombre no es el enemigo natural de las mujeres, ambos son seres humanos condicionados por una educación y una sociedad con una serie de valores preestablecidos. Si un hombre es consciente de esta situación de opresión, y realiza cambios en su conducta y actividades para ayudar en un cambio a favor de la igualdad, ¿no le convierte eso en feminista?
  • Al igual que no hace falta ser un niño para defender los derechos de la infancia, o haber nacido en Hebrón para defender la causa palestina, no parece lógico que haya que ser mujer para luchar por la igualdad de género. Si bien es cierto que nadie como la víctima puede entender tan profundamente la situación, tampoco parece lógico que haya que serlo para defender una causa de injusticia. Es más, la exclusión de la lucha feminista por razón de género es en si sexista (vaya ironía) y desde luego no hace ningún bien a la causa.
  • Si entendemos el feminismo como un movimiento que busca la igualdad de género, ¿cabe discriminar a sus simpatizantes/activos por razón de género? Es evidente que existen personas que se suben al carro del feminismo por propios intereses y no por ideología, principalmente políticos y empresarios que ven en este movimiento en auge un río donde pescar (ya sea votos o beneficios). ¿Eso convierte a todos los hombres en enemigos del feminismo?

Este tema ha generado un profundo debate en la redacción de EULIXE, y a pesar de que normalmente no nos gusta mojarnos, si os vamos a contar en este caso la conclusión a la que hemos llegado: creemos firmemente que son las acciones para generar un cambio las que convierten a una persona en activista de un determinado movimiento, y nunca su género, etnia o nacionalidad.