El 4 de abril de 1949, doce países de América del Norte y Europa Occidental firmaron el Tratado del Atlántico Norte en Washington, que dio origen a la OTAN. Desde el principio, el bloque occidental tenía como objetivo la protección de sus miembros contra un posible conflicto con la URSS. La Unión Soviética, y luego Rusia, percibieron y siguen percibiendo  la OTAN como una amenaza para su seguridad. Sin embargo, durante los 70 años de existencia de la alianza la posible incorporación de Rusia se ha planteado varias veces.

La fundación de la OTAN
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La Unión Soviética quiso unirse a la OTAN en 1954 o por lo menos quería hacer al mundo creerlo. En 1949, cuando se creó la Organización, la Guerra Fría amenazó con entrar en una fase activa. El golpe comunista en Checoslovaquia y el bloqueo de las tropas soviéticas de Berlín Occidental se convirtieron en la razón inmediata para cerrar un tratado militar entre los países occidentales. Tras terminar la Segunda Guerra Mundial, esta parte de la ciudad estaba bajo el control de Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia, mientras que la Unión Soviética intentó, sin éxito, suplantar el ejército occidental. El carácter anticomunista del nuevo bloque era obvio y no se ocultaba específicamente.

En marzo de 1954, Moscú presentó una propuesta inesperada en la que la URSS buscaba unirse a la OTAN. La jugada había sido precedida por un intrincado juego diplomático que tenía como objetivo decidir el futuro de Alemania. Después de la guerra, el estado se dividió entre la República Democrática Alemana (RDA) pro-soviética en el este y la República Federal de Alemania (RFA), de orientación capitalista, en el oeste. La Unión Soviética  oficialmente abogaba por restituir un solo país, pero neutral y desmilitarizado.

Los países del Occidente no lo veían claro recelando que tarde o temprano los comunistas llevaran a cabo un golpe de estado en Alemania y esta se pusiera en la órbita de la influencia soviética, como ya había ocurrido en muchos países de Europa del Este. Además,  hubo temores de que la Alemania reunificada se convirtiera en una amenaza a la paz, como había sucedido antes de la Primera y Segunda Guerra Mundial. La URSS, a su vez, tenía miedo de que la RFA independiente ingresara a la OTAN y que las fuerzas de la alianza se acercaran mucho a los territorios del bloque socialista. En ese momento la Unión Soviética estaba en una posición menos ventajosa: su poder económico y militar era muy inferior al occidental, y existían desavenencias entre los países  del campo socialista.

Fue la razón por la que era principalmente Moscú la que buscaba un consenso. Para resolver la cuestión alemana, el Ministro de Relaciones Exteriores de la URSS, Viacheslav Mólotov, propuso que la RDA y la RFA, así como todos los demás países europeos, firmaran un acuerdo de seguridad colectiva con la URSS. Todos los países signatarios del acuerdo se comprometían a ayudar en el caso de que uno de los países miembros sufriera de una agresión externa. La propuesta de Mólotov recogía que Estados Unidos solo podía asumir  el papel de observador; si se producía un conflicto soviético-estadounidense, los países de Europa occidental seguirían siendo sus testigos sin derecho a participar. La propuesta, según uno de los negociadores, fue recibida con un “estallido de risa” de los diplomáticos occidentales.

Posteriormente, Mólotov redactó una carta detallada a otros líderes soviéticos en la que sugirió ir más allá y anunciar públicamente un posible intercambio: Estados Unidos se convertiría en un miembro plenipotenciario del acuerdo de seguridad colectiva, y la URSS ingresaba en la OTAN. Al mismo tiempo, el Ministro de Relaciones Exteriores no albergaba excesivas esperanzas a que la solicitud fuera satisfecha y tampoco ocultaba que esta idea tenía un significado propagandístico: al recibir un rechazo casi inevitable, sería posible demostrar al mundo que la OTAN no fue creada para la defensa, sino para la lucha activa contra la URSS y los países socialistas. 

El Occidente percibió  la propuesta como un acto de relaciones públicas. En su respuesta, la OTAN hizo hincapié en que la entrada de la URSS era imposible, ya que el bloque no legitimaría el control soviético sobre Europa del Este, a la vez que el sistema soviético no cumplía con los estándares de democracia existentes en otros países de la alianza.

Según el historiador británico Jeffrey Roberts, Mólotov realmente admitía la posibilidad de que la URSS pudiera unirse a la OTAN. Ahora bien, el objetivo no era terminar la Guerra Fría, sino quitarle a Estados Unidos la ventaja que le daba la pertenencia a esta organización.

En 1955, la República Federal de Alemania se convirtió en un miembro de la OTAN, lo que significó que la URSS había fracasado en su intento de desmilitarizar Alemania. En respuesta, los países socialistas, incluida la RDA, firmaron el Pacto de Varsovia. Fue el momento en el que el mundo se dividió definitivamente en dos bloques militares.

Estados Unidos contempló  la adhesión de Rusia a la OTAN en 2005

El 21 de diciembre de 1991, se firmó el Protocolo de Almá-Atá, que estableció en firme el colapso de la URSS y la formación de la Comunidad de Estados Independientes. El mismo día, Boris Yeltsin envió una carta a la OTAN en la que decía que la adhesión de Rusia, ahora independiente, al bloque sería uno de los objetivos de su política a largo plazo.

Los ministros de relaciones exteriores de los países de la alianza, que organizaron la primera cumbre de la historia con los homólogos del antiguo bloque socialista, se vieron sorprendidos por el rápido desarrollo de los acontecimientos. En ese momento, según el informe de The New York Times, los diplomáticos estaban más interesados ​​en cómo lidiar con el hecho de que la delegación soviética había logrado firmar una parte de los documentos mientras la Unión Soviética dejó de existir.

Manfred Werner, el secretario general de la OTAN, afirmó que “no se puede descartar nada”, pero sugirió que “Yeltsin no solicitó la membresía, sino que solo planteó el tema”. El entonces  ministro de Relaciones Exteriores belga, Mark Eyskens, fue más directo: “Si accedemos a incorporar Rusia, tendremos que acceder al ingreso de otros países, lo que podría llevar a un debilitamiento [del bloque]”.

En la práctica, como se sabe, la OTAN admitió muchos otros estados, pero no a Rusia. Sin embargo, es un resultado que no fue predeterminado. No se sabe si la carta de Yeltsin era algo más que un deseo de declararse ruidosamente en el ámbito internacional, pero en los primeros años tras la disolución de la URSS, los círculos políticos occidentales discutían activamente si  la OTAN debía admitir a Rusia; incluso apareció una fecha específica: en 2005, al mismo tiempo que Ucrania y Bielorrusia entrarían en la alianza.

La expansión de la OTAN a lo largo de su existencia

Cabe mencionar que  el ministro de Relaciones Exteriores, Andrei Kózyrev, pronto rechazó la iniciativa de Yeltsin afirmando que “los mecanismos efectivos para la cooperación internacional son ahora más importantes que las ideas vertiginosas, como la rápida adhesión de Rusia a la OTAN”. Aparte de eso, Moscú fue cada vez más negativa sobre la idea de unirse al bloque de los antiguos países socialistas.

El 22 de octubre de 1993, Yeltsin recibió al Secretario de Estado estadounidense Warren Christopher, quien contó al presidente sobre el programa de la Asociación de la OTAN para la paz, diseñado para la cooperación militar con los estados no miembros. Yeltsin se mostró encantado con lo oído creyendo que la OTAN había abandonado los planes de expansión hacia el este y había decidido asociarse con todos los países y no admitir solo a algunos como miembros.

Visita oficial a Rusia del presidente estadounidense Bill Clinton en 1993. El secretario de Estado estadounidense, Warren Christopher, y el ministro de Relaciones Exteriores ruso, Andrei Kózyrev, después de firmar una serie de acuerdos.

Posteriormente, Christopher argumentó que Yeltsin lo había malentendido y que la asociación no descartaba la futura adhesión de nuevos miembros. Sin embargo, algunos expertos estadounidenses, basándose ​​en la transcripción de la reunión, creen que el Secretario de Estado engañó deliberadamente a Yeltsin, mencionando la posible membresía solo de forma breve, al final de la conversación. Además, en el Occidente, los partidarios de la expansión de la alianza criticaron el programa precisamente como una concesión a Moscú y una traición a los intereses de los estados de Europa del Este.

De hecho, en ese momento en Estados Unidos  no había consenso sobre si Europa del Este debería ser admitida en la OTAN. No obstante, al año siguiente de la reunión entre Yeltsin y Christopher prevaleció el punto de vista de los partidarios de la expansión de la alianza, y Yeltsin se sintió engañado. En Rusia, a menudo recuerdan la supuesta promesa hecha a Mijaíl Gorbachov de no expandir la OTAN hacia el este a cambio de que la URSS  consentía la reunificación de Alemania. James Goldgeier, un investigador de la Universidad Americana en Washington, cree que lo que le sucedió a Yeltsin tuvo consecuencias mucho más negativas. El presidente de Rusia rápidamente sustituyó al ministro prooccidental Kózyrev con un representante de la antigua escuela soviética, Yevgueniy Primakov, y luego eligió a Vladimir Putin como su sucesor.

Putin propuso incorporar Rusia en la OTAN en los primeros meses de su presidencia

En enero de 2001, Vladimir Putin declaró haber propuesto la admisión de Rusia en la alianza un año antes y no haber encontrado apoyo de los líderes occidentales. Poco antes de sus primeras elecciones presidenciales, Putin dijo en una entrevista con la BBC que no se oponía a la entrada de Rusia en la OTAN. Unos meses después, planteó este tema en las negociaciones con el presidente de Estados Unidos, Bill Clinton. Según comentó Putin, la Secretaria de Estado Madeleine Albright se declaró firmemente en contra del proyecto. Muchos años después, en una entrevista con Oliver Stone, el presidente ruso dijo que “toda la delegación estadounidense estaba muy nerviosa”, aunque Clinton dijo que estaba dispuesto a considerar el tema de la entrada de Rusia a la alianza.

Putin y Clinton durante la visita de este a Moscú en 2000

Las relaciones entre Rusia y el Occidente en ese momento eran incomparablemente mejores que durante la Guerra Fría. Aún así, Steve LeVine en su artículo en la revista Business Week, publicado en 2008, relata que los diplomáticos occidentales percibieron la idea de Putin de la misma manera que la propuesta de Mólotov en 1954.

Refiriéndose a una fuente anónima cercana al presidente de Rusia, LeVine narra: “Clinton intercambió una mirada con sus asesores y luego envió a Putin al paseo en términos diplomáticos. Su respuesta fue algo parecido a: “Si dependiera de mí, estaría de acuerdo, por supuesto …” Lejos de avergonzarse, el séquito de Putin se ofreció a reunirse con los congresistas estadounidenses, mientras que estos respondieron de manera similar. Replicaron, con caras astutas: “Ajá, sí, ¡ustedes quieren destruir la OTAN desde adentro!”

Sin embargo, la entrada de Rusia en el bloque seguía siendo un tema de discusión serio en los círculos de expertos y políticos occidentales hasta principios de la década de 2010. El ex ministro de Relaciones Exteriores alemán, Volker Rühe, junto con otros expertos militares alemanes, argumentaron que Rusia debería unirse a la alianza para ayudar a prevenir posibles conflictos militares en Asia Central, garantizar la seguridad energética en Europa y garantizar que los países occidentales tuvieran acceso a la potencialmente peligrosa infraestructura militar rusa.

El catedrático estadounidense Charles Kupchan agregó en uno de sus artículos que la adhesión de Rusia a la OTAN facilitaría la entrada de países como Ucrania y Georgia en el bloque, fortalecería las posiciones de la alianza en las relaciones con China y, finalmente, contribuiría a la democratización de la propia Rusia.

Los argumentos de los europeos y estadounidenses que se oponen a la entrada de Rusia a la OTAN se pueden dividir en tres grupos. Primero, hay quienes creen que el bloque no cuenta con recursos suficientes para garantizar la seguridad de la frontera con China de acuerdo con las normas adoptadas en la alianza. Otros están seguros de que  Rusia, incluso entrando en el bloque, no se hará automáticamente un aliado de sus otros miembros, sino que la convertirá en una estructura burocrática sin sentido igual que la ONU moderna. Finalmente, el presidente checo, Vaclav Havel, insistió en que la OTAN une a los estados de la “civilización occidental”, y Rusia nunca ha pertenecido ni pertenecerá a ella.

Es curioso que en el libro autobiográfico De la primera persona, basado en las entrevistas con Putin  y publicado en 2000, el presidente ruso presentara muchos de los argumentos de los oponentes occidentales de Rusia, excepto el de la civilización. “El balance puede ser alterado, y los padres fundadores de la OTAN temen que la organización cambie drásticamente. Desde nuestro punto de vista, a mejor, pero según ellos, tal vez a peor “, dijo Putin, enfatizando que ” los entiende perfectamente “.

En la misma entrevista, Putin mencionó otra razón por la cual, también la misma Rusia probablemente nunca ha considerado seriamente unirse a la OTAN en el futuro cercano, y es el cabildeo del complejo militar-industrial y sus intereses. “Cualquier bloque, entre los cuales la OTAN no es una excepción, aprueba estándares de armamento, y esto, por supuesto, afecta significativamente los intereses de la industria de la defensa”, dijo Putin.

El libro autobiográfico “De la primera persona”, en el que Vladímir Putin enumera las razones de que la entrada de Rusia en la OTAN nunca ha sido considerada en serio

Después de la adhesión de Crimea en 2014, todas las conversaciones sobre la posibilidad de que Rusia se uniera a la OTAN se desvanecieron. La mayoría de los programas de afiliados desarrollados en las últimas décadas fue cesada.

 

Fuente: Meduza.io

Traducción: Eulixe.com