Que a España la dirige desde las sombras una élite de burgueses déspotas no es nada nuevo. Que esas élites han utilizado y utilizan todos los mecanismos a su alcance para mantener su posición de privilegio tampoco es algo que nos vaya a sorprender a estas alturas del cuento. Sin embargo, en las últimas semanas hemos sido testigos de cómo esa “organización” encargada de mantener el statu quo tras la muerte del Generalísimo ha cruzado una serie de líneas rojas que para muchos son excesivas.

Los hechos son verdaderamente gravísimos: nada más y nada menos que utilizar mecanismos del estado para atacar a un partido político legal y con representación en el Congreso. Algo intolerable en una democracia plena. Sin embargo, en el estado español la utilización de los cuerpos y fuerzas de seguridad con fines políticos no son nada nuevo. Los vascos saben bien de lo que hablo. Los gallegos tenemos algunas nociones también, y los catalanes están haciendo ahora un máster en la materia.

Sin embargo no son los nacionalismos lo que más preocupa a la caverna de Franco. La utilización de estos mecanismos tan poco democráticos tiene como objetivo principal atacar directamente a todo aquel que ose acabar con el negocio de las familias que controlan el cotarro. Porque en realidad la unidad de España les importa una mierda (de la cloaca desde donde trabajan), comparado con los ingresos en su cuenta bancaria. ¿Nacionalizar eléctricas para abaratar al ciudadano la factura de la luz?, ¿regular la burbuja inmobiliaria para que los precios de las viviendas sean accesibles para el pueblo raso? Por encima de su cadáver. Estas medidas tendrían tanto impacto en su bolsillo como en el nuestro, y eso no se puede permitir. De ahí que esas élites hayan ampliado sus tácticas de guerra sucia hacia un partido democrático nacional como es Podemos. La izquierda abertzale ya lo vivió durante mucho tiempo. Y todas las organizaciones antisistema que han existido en el estado desde la muerte de Paco, también.

Personalmente, me parece igual de grave que la policía política del estado destine sus recursos a acabar con EH que con Podemos. Igual de grave que una sentencia que condena a unos chavales a pasar media vida en prisión por una trifulca de bar. Igual de grave que el asesinato extrajudicial de presuntos miembros de ETA. Igual de grave que perseguir a un anarquista por el simple hecho de serlo. Se trata de utilizar los recursos del estado ilegalmente para atacar directamente a los que piensan diferente, exista o no violencia en sus actuaciones, eso es secundario. Son un objetivo en sí mismos, porque buscan una organización social diferente a la actual, y eso a la élite no le gusta. Las cosas son como son, y a callar.
De la existencia de estas cloacas del estado ya nos avisaron los grupos punk de los 80. Y muchos otros grupos y asociaciones antisistema que han existido a lo largo y ancho de la península. Lo que pasa es que el sistema funcionaba (más o menos), y por lo tanto la sociedad no prestaba atención a estos “marginados”. Mientras el crecimiento económico continuara, daba igual el coste futuro de las políticas utilizadas para ello. Si para crecer había que privatizar el sistema eléctrico, se hacía y punto. Y si además esos cambios los hacía un “socialista”…

Pero ahora que sabemos que Felipe González no era más que un infiltrado de las élites postfranquistas. Ahora que sufrimos la realidad de que el crecimiento no era para todos. Ahora que vemos que nuestra generación vive peor que la de nuestros padres. Ahora es cuando algunos empiezan a ver. Y la élite está nerviosa. De ahí que estén dando pasos en falso y cruzando líneas rojas (si es que les queda alguna). Las cloacas siempre estuvieron ahí. Solo que ahora, y viendo que la sociedad quiere construir una depuradora, es cuando empieza a desbordar la mierda.

Si queréis más información de cómo funcionan estas cloacas, os recomendamos el siguiente vídeo que sirve de orientación: